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No es mentira que en los últimos años este hermoso país que es Venezuela, ha tenido una serie de situaciones que han convertido la vida de sus habitantes algo “tensa”; desde problemas económicos hasta problemas de inseguridad, en este tiempo hemos visto ¡de todo! y cada vez los venezolanos nos sentimos más encarcelados, privados de libertad, y no necesariamente en custodia. Estamos privados de libertad por el hecho de no poder salir de nuestras casas luego de las 6 de la tarde sin el temor de algún siniestro (así sea asegurados en nuestro automóvil), estamos privados de libertad por no poder tramitar un documento legal sin pagar grandes cantidades de dinero a algún “amigo” que tengas dentro del organismo público, privados de libertad porque tu sueldo no te alcanza para pagar las cosas básicas que necesites (o siquiera ir a un supermercado con la libertad de elegir tu marca de preferencia), sin la libertad de gozar de una buena salud, ya que conseguir un medicamento cuando tienes alguna enfermedad (así sea un pequeño resfriado) se convierte en un calvario, privados de libertad porque si eres alérgico a algún producto regulado de necesidad básica, simplemente “te la calas”, porque no hay alternativas que se ajusten a tu propia necesidad (mi caso), no tienes la libertad de programar unas buenas vacaciones así sea dentro de tu propio país, ya que los ahorros simplemente no alcanzan para algo mas que comida. Mencionando estas cotidianidades podría abarcar mil párrafos, pero quejarme no es mi objeto en esta ocasión.

Cada día vemos más venezolanos “huyendo” de esta situación en búsqueda de tranquilidad para ellos y sus familiares; léase bien, tranquilidad, la gente no sale de Venezuela buscando volverse millonario, su única meta es tener papel sanitario en sus baños y que el sueldo les alcance para ello. Los aviones salen llenos del aeropuerto de Maiquetía, pero vuelven prácticamente vacíos porque hasta el turismo, que llegó a ser una gran fuente de ingreso de nuestro país, está acabado. Entre estos venezolanos que salen cada día del territorio nacional sin ánimos de regresar en mucho tiempo, se encuentran amigos, familiares, compañeros de trabajo, quienes alguna vez conformaron nuestro círculo social, quienes se dispersan por el mundo, llevando ese capital humano de tan buena calidad a contribuir en la formación y avance de otros países. Países que siempre los verán como inmigrantes, países que no son su patria, su verdadero hogar.

Ayer conseguí a una vieja amiga que fue a la capital por un par de meses y casi llorando me dice “es increíble, llegué a Mérida para conseguirme con la sorpresa de que ya no tengo amigos ni familia. ¡Todos se han ido del país!”, yo no puedo decir que estoy lejos de estar en esa misma situación.

Entonces, estuve meditando, ¿por qué si tengo las posibilidades de dejar Venezuela, no he decidido hacerlo?, ¿Cómo explicar esto y convencer a aquellos que consideran irse, a que se queden a luchar por su país?. Esto de “luchar” por Venezuela se ha convertido en una frase tan común pero a la vez tan menospreciada.

Soy estudiante de economía en la ilustre Universidad de Los Andes, la cual me tiene enamorada. Una universidad pública que tiene un prestigio mundial del cual estoy altamente orgullosa, en una ciudad montañosa con clima exquisito y vistas insuperables, con profesores excelentes que aún pudiendo tirar la toalla con un salario devaluado, se esfuerzan por desarrollar los mejores profesionales, aún a deshoras (si esta no es la mejor demostración de la belleza de mi universidad, entonces no sé qué lo podría ser). Siento que estoy estudiando, no solamente para ser “alguien en la vida”, sino para poder influenciar en mi nación; no puedo decir si espero que cambie el partido en el gobierno para que venga otro o si espero que este permanezca, lo seguro es que un enorme cambio viene para Venezuela. No lo digo yo solamente, lo dicen tantos indicadores, lo dice la historia de tantos países que han atravesado situaciones similares, lo dice la misma historia venezolana que ha tenido sus altibajos, y lo podrá decir usted, si conoce bien al hermoso pueblo venezolano.

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Estudio porque al llegar ese cambio, viene una reestructuración entera en el sector público y en la sociedad de la cual espero ser parte. Todos aquellos reajustes legales, bancarios, inmobiliarios, salubres, entre otros cientos de asuntos, tienen que ser realizados por los mejores profesionales, me preparo para ser uno de ellos. Estudio porque al terminar esa reestructuración, Venezuela llegará a ser uno de los mas influyentes países en el mundo, porque tiene ese potencial, porque ya lo ha sido. Tal vez la economía y la diplomacia son temas que mas me apasionan y quiero desarrollar a lo largo de mi vida, pero no me gustaría estudiarlos fuera de mi país ya que la historia es fundamental para el desarrollo de un profesional, y ¿Qué mejor manera de aprender de historia sino VIVIRLA?.

Mi causa de lucha es un país con el mejor ecosistema y la mejor gente que he visto (y eso que he tenido la oportunidad de visitar 18 países, sin ánimos de presunción), la cual ha arrugado su rostro por tanta presión social. Este es el objeto fundamental de mi lucha, el pueblo venezolano, se debe devolver la jovialidad, la tranquilidad y el “relajo” que le caracteriza. Creo que de las crisis vienen las mejores oportunidades y de toda esta mala situación, podemos aprender a ser mejores ciudadanos y también descubrir el verdadero valor de las cosas. Porque si algo nos sucedió, fue que gracias al “excrementis demonis”, creímos ser ricos y que merecíamos el mundo sin mero sacrificio (tal vez el análisis de por qué estamos donde estamos se deba ampliar en un nuevo articulo).

Si algo quiero inculcar en aquel estudiante venezolano que llegue a leer mis palabras, es el sentido de pertenencia, que recuerde el amor a este herido país y que logre ver su potencial; que sepamos que sí se puede, que el país es NUESTRO y no está en venta y mucho menos en oferta, que aquí hay VALOR, que quieran ser de los que saquen el mayor provecho y sean protagonistas de la transformación entera y no solamente la vean desde afuera, que no pierdan sus sueños afuera, en cualquier “país de las maravillas” intentando olvidar la realidad que nos corresponde. Porque si se van y al paso de los años desean volver (y sé que lo harán), llegarían a trabajar para aquellos protagonistas que se habrían quedado a reestructurar Venezuela y convertirle en esa potencia mundial que siempre debió ser.

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